Por Qué Metes La Pata, Aunque Deberías Saber Evitarlo

Ya sea sucumbir a una adicción nociva, soportar una relación tóxica, o tomar malas decisiones, aquí está el porqué continuamos metiendo la pata cuando deberíamos saber evitarlo.

Después de cruzar los tormentosos mares de la adolescencia para llegar a la costa soleada de la vida adulta, te pusiste el manto de madurez y asumiste la corona de la sabiduría. Y nunca más has cometido errores en situaciones en las que debías haber sabido evitarlo.

¿Te recuerda a tí mismo o a alguien que conoces? No hace falta contestar, a menos que conozcas al Dalai Lama (en ese caso, te agradecería que me lo presentaras).

Es muy fácil identificar situaciones que presentan advertencias cuando se trata de otras personas. Observamos con preocupación mientras un amigo empieza una relación tóxica o un compañero comienza a beber demasiado. Sin embargo, pasamos por alto las mismas advertencias cuando se trata de nosotros. Afirmamos que no vemos ninguna advertencia o insistimos que estos se aplican sólo a los demás.

¿Debemos concluir que nuestra incapacidad de identificar situaciones peligrosas es debido a que no hemos evolucionado tanto a partir desde tiempos primitivos? ¿O hay alguna razón por la que nos gusta aprender a fuerza de golpes?

Porque Metes La Pata

Estas son 7 de las razones claves por las que metemos la pata cuando deberíamos saber evitarlo.

1) El Conocimiento vs La Experiencia

“A través de tres métodos podemos adquirir sabiduría: primero, gracias a la reflexión, que es más noble; en segundo lugar, por imitación, que es la más fácil; y en tercer lugar por experiencia, que es la más amarga.”

Confucius

Confucius podría haber añadido “y más memorable” a la parte sobre la experiencia. ¿Sabes como decir a un niño que no toque el fogón ardiendo no le da la misma lección que si realmente lo toca? O sea, saber algo intelectualmente no es lo mismo como experimentarlo en la realidad – emocionalmente, físicamente y a veces, visceralmente.

Esto es por lo que ver una película triste no es lo mismo que tener tu corazón roto (y hecho añicos). Y esto está bien. No queremos obtener todo nuestra sabiduría a través de la lectura de libros y observando a nuestros amigos haciendo tonterías. Tenemos que cometer nuestros propios errores también. A veces necesitamos tocar el fogón ardiendo, aunque sabíamos que nos va a quemar.

La experiencia puede ser algo necesario (aunque duro) para aprender.

“A veces las elecciones incorrectas nos llevan al lugar correcto.”

El problema es cuando ya hemos tocado el fogón un número de veces. Sabemos que sí está ardiendo y sí nos quema, y aún así, queremos tocar el próximo fogón.

En serio, ¡este fogón es diferente! ¡He aprendido a tocarlo mejor! Y me prometió que va a trabajar en el asunto de no quemarme.”

Sí..claro..

Sin embargo, seamos honestos. Todos tenemos nuestras versiones del fogón que no paramos de tocar. ¿Por qué seguimos cometiendo los mismos errores pensando que esta vez será diferente?

2) Cuando Las Emociones Abruman La Razón

“El cerebro es el órgano más increíble. Funciona 24/7, 365 días desde el nacimiento hasta que te enamores”

Sophie Monroe

Es verdad, tú “Ser Racional” funciona muy bien… hasta que tus emociones lo derriban.

¿Te estás enamorando? Mira como tu Sentido Común hace sus maletas, te desea buena suerte y se larga.

¿Sufres de furia al volante? Mira como en un atasco la parte racional de tu cerebro se apaga mientras te conviertes en un loco gritando y tocando el claxon.

¿Por qué nuestras emociones pueden influir tanto en nuestro comportamiento? Primero, es útil entender que las emociones se originan en una parte distinta de nuestro cerebro que evolucionó mucho antes que la parte racional.* Las emociones siempre han sido imprescindibles en nuestra supervivencia y son capaces de hacer que reaccionemos antes de tener la oportunidad de pensar. Es por esto que saltas hacia atrás si ves una serpiente, antes de ser consciente de lo que has visto. Asimismo, cuando alguien te corta el paso en una carretera, sueltas una palabrota delante de tus niños antes de poder parar.

En segundo lugar, nuestras emociones están acompañadas por hormonas y químicos que inundan nuestros cuerpos e influyen en nuestro comportamiento. Por ejemplo, enamorarse produce un cóctel de químicos que nos hace sentir bien y ansiemos más.

Nuestras emociones son poderosas. Entonces, para dejar de repetir un patrón de comportamiento no deseable, hay que reconocer y gestionar las emociones subyacentes.

Solemos experimentar las emociones como sensaciones en el cuerpo (por ejemplo, la tensión en tu pecho antes de soltar tu ira). A través de una mayor consciencia sobre estas sensaciones, podemos hacer una pausa, respirar hondo y recuperar el autocontrol antes de dejarnos llevar por nuestras emociones.

Si no gestionamos nuestras emociones, suelen quedarse atrapados en nuestros cuerpos para surgir cuando ocurren ciertas situaciones. Por ejemplo, tu furia al volante puede ser una excusa para soltar la ira atrapado que se originó en tus experiencias del pasado. Para abandonar este hábito, tienes que encontrar la fuente de las emociones subyacentes y abordarlas.

* La parte emocional de nuestro cerebro se refiere al sistema límbico (que incluye la amígdala, una parte clave) y la parte racional se refiere al córtex prefrontal.

3) Los Beneficios A Largo Plazo vs A Corto Plazo

A cualquier persona que no haya tenido la experiencia de despertarse con un dolor de cabeza tremendo, la boca seca y el pensamiento de “¿!POR QUÉ no dejé de beber después de tomar 2 cervezas anoche, en vez de 9.. más 2 chupitos de tequila?!”, te felicito por tu auto control.

En la vida tomamos decisiones constantemente entre los sacrificios a largo plazo y a corto plazo. La deliciosa tarta de chocolate hoy son kilos adicionales para tu Yo Futuro que estará más gordo. El beso apasionado con tu compañero de trabajo en la fiesta de esta noche es el comienzo de una acción legal cara y dolorosa para tu Yo Futuro como divorciado. Decidir no comprar 3 pares de zapatos por mes significa más ahorros para tu Yo Futuro felizmente jubilado.

Desafortunadamente, a menudo no hacemos los cálculos muy bien cuando se trata de los sacrificios a largo plazo. Una razón por la que ocurre esto es porque el “aquí y ahora” es mucho más fácil de imaginar y desear que el futuro distante y menos predecible. Puede ser difícil retrasar la gratificación en el momento por un potencial riesgo en el futuro. Es aún más difícil cuando nos engañamos para minimizar nuestra percepción del riesgo del futuro “Si como esta tarta de chocolate ahora, seguro que iré al gimnasio al menos 6 veces esta semana para quemar las calorías.

La atracción del “aquí y ahora” es particularmente fuerte cuando nuestra decisión está basado en las emociones u otras substancias que afectan químicamente a nuestros cerebros (como el azúcar, el alcohol, las drogas).

A veces tiene sentido disfrutar de lo que tienes ahora sin preocuparte por el futuro. Por ejemplo, es mejor mantener una equilibrada que ser un esclavo de tu trabajo, que tiene como resultado jubilarte cuando ya eres viejo y estás demasiado agotado para disfrutar de tu tiempo libre.

Del mismo modo, tomar decisiones a corto plazo que no son totalmente responsables está bien si lo hacemos con moderación. Las veces que bebimos demasiado, salimos muy tarde y nos pusimos morados son los momentos más interesantes y memorables.

“Nadie mire hacia atrás en su vida y recuerda las noches que durmió mucho.”

Sin embargo, si tienes el hábito de tomar decisiones sólo basadas en gratificaciones a corto plazo, igual estás saboteando tu futuro. Una buena decisión toma en cuenta tanto consecuencias a largo plazo como a corta plazo.

4) Por qué “Quieres” Meter La Pata

Aunque la mayoría de la gente no quiere meter la pata a propósito, a veces tomar malas decisiones o comportarse mal tiene una intención positiva (aunque puede ser inconsciente).

A menudo el comportamiento poco sano sirve para ocultar algo a lo que tenemos miedo de hacer frente. Por ejemplo, beber o comer en exceso nos puede distraer de sentimientos que no queremos experimentar – tal vez un sentido de soledad o infelicidad. Alternativamente, el comportamiento nocivo puede ser un intento de llamar la atención y / o castigar a alguien (o a sí mismo).

Si te das cuenta de que estás repitiendo un comportamiento que te hace daño, encontrar las razones subyacentes te ayudará a romper este patrón de comportamiento. Podrías preguntarte “¿Qué pasaría si dejara de hacer esto?” – o sea, ¿qué tendrías que enfrentar si no fuera por tu comportamiento?

5) Los Antiguos Hábitos

Como seres humanos nos viene bien tener hábitos. Tendemos a favorecer lo conocido y a menudo funcionamos en modo “piloto automático” mientras ejecutamos nuestra rutinas diarias. Cuando nuestros errores son enterrados en nuestros hábitos, son mucho más difíciles de evitar. Por ejemplo, si tienes el hábito de dejar hacer las cosas hasta el último momento, repetirás el error de llegar tarde por mucho que quieras llegar a tiempo.

Aunque los antiguos hábitos son difíciles de cambiar, también nos ofrecen la solución a cómo dejar de repetir errores. En vez de enfocarnos en intentar de evitar errores, nos enfocamos en crear nuevos hábitos (o dejar antiguos hábitos). Por ejemplo, no comprar patatas fritas hace que sea más difícil continuar el hábito de comer patatas fritas cada noche antes de acostarse.

La buena noticia es que en cuanto has establecido un nuevo hábito o dejado un antiguo hábito, puedes funcionar en modo “piloto automático” sin preocuparte por volver a cometer los mismos errores.

6) Todavía Hay Una Lección Por Aprender

“Quien no aprende de su historia está condenado a repetirla.”

Hasta que has aprendido de tus errores, es muy probable que los repitas. Aún cuando piensas que ya has aprendido la lección, si sigues repitiendo el mismo error, es porque todavía hay algo por aprender.

A menudo, nuestros errores se deben a creencias subyacentes profundas que mantenemos inconscientemente. Por ejemplo, si en nuestro interior no creemos en nuestro propio valor, a menudo cometemos el error de elegir personas que no nos valoran.

Una de las lecciones más importantes que tenemos que aprender es que la compulsión de repetir errores se suele originar en las heridas emocionales que no hemos curado. Algo en el pasado nos hirió y buscamos compulsivamente situaciones parecidas en un intento inconsciente de encontrar la cura en la situación, en vez de buscarla dentro de nosotros.

Un ejemplo de este patrón de buscar situaciones parecidas es cuando una persona sigue teniendo relaciones tóxicas. Cada relación le hace más daño, pero sigue buscando relaciones similares con la creencia de que esta relación será la que funciona y cura todo.

La realidad es que nadie puede curar nuestras heridas emocionales a parte de nosotros mismos. Además, hasta que reconocemos nuestras heridas no podemos empezar a curarlas. En cambio, continuamos repitiendo antiguos patrones y cometer los mismos errores.

7) La Negación

“Al no admitir tus errores, estás admitiendo que los repetirás en el futuro.”

La negación es la negativa a reconocer un error o asumir la responsabilidad por el error. Esto sólo tiene como resultado que cometerás los mismos errores porque ni siquiera has admitido que has cometido uno.

No es fácil asumir la responsabilidad por un error. Admitir errores requiere ser vulnerable y por lo tanto, tener coraje. Sin embargo, ser capaz de admitir tus propios errores es un paso importante para dejar de cometerlas. Al reconocer un error, se convierte en una lección y oportunidad para aprender.

Los Errores – Los Buenos, Los Inocentes, Los Malos Y Los Feos

No todos los errores son iguales. Los buenos son los que nos dan oportunidades de aprender y de crecer. Los inocentes son los que no causan daño y reflejan que la moderación en lugar de la perfección es clave para disfrutar de la vida. “¿Otro trozo de tarta de chocolate? Pues, acabo de terminar mi quinto, así que.. ¡Sí! Uno más no hace daño!

Los malos son los que seguimos cometiendo innecesariamente. Los feos son los que no solo repetimos, sino que nos causan daño a nosotros y a los demás.

Reconocer y aprender de los errores es importante. Igual de importante es aprender cómo distinguir entre los errores de los que deberíamos pasar página y los errores no sanos que necesitamos abordar y dejar de cometer.

Hacer frente a nuestros errores puede ser algo muy incómodo y difícil. Sin embargo, aquellos que tienen el coraje y la perseverancia para hacerlo encontrarán una gran recompensa.

“Las personas de éxito sacan provecho de sus errores y a continuación lo intentan de manera diferente.”

Dale Carnegie

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